Lección 4 de 5
Las preguntas incómodas
Debilidades, falta de experiencia, disponibilidad y sueldo, sin transpirar.
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Son las que más se temen y las que más fácil se preparan, porque son siempre las mismas cuatro o cinco.
No contestes “soy muy perfeccionista”: lo escuchamos veinte veces por semana y no lo cree nadie. Elegí algo real que no sea determinante para el puesto y contá qué estás haciendo al respecto. “Me cuesta pedir ayuda, tiendo a querer resolver todo solo. Me pasó en un trabajo de la facultad que me atrasé por no preguntar a tiempo; desde ahí me obligo a avisar apenas veo que algo me está trabando.”
No pidas disculpas ni te justifiques. Reconocelo y girá a lo que sí tenés: “Es cierto que sería mi primer trabajo formal. Lo que traigo es que ya trabajé con responsabilidad real en el negocio de mi familia y que aprendo rápido: aprendí a usar el sistema de facturación en una semana, sola. Y lo que me falta de oficio lo compenso con disponibilidad y ganas de que me corrijan.”
Si es tu primer empleo, es legítimo devolver la pregunta: “La verdad es que estoy más enfocado en la experiencia que en el número. ¿Manejan una banda para la posición?” Si insisten, averiguá antes qué se paga en tu zona para ese puesto y dá un rango, no un número exacto.
- “¿Por qué querés trabajar acá?” — necesita que hayas mirado la empresa. Nombrá algo concreto de ellos.
- “¿Dónde te ves en cinco años?” — no hace falta un plan de vida: alcanza con una dirección honesta.
- “¿Tenés disponibilidad?” — respondé la verdad. Mentir acá te explota en la primera semana.